LA VIDA ES HOY

“Solo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y, principalmente, vivir”.

DALAI LAMA

Que será de mañana quien sabe, si lo único que tengo es hoy. Dejaré ya de hacer tantos planes vivir el presente será mi ilusión.

 Te diré lo que nunca te he dicho, dejaré en libertad el corazón. Buscaré a los amigos del alma y cantaré junto a ellos hasta que salga el sol.

A vivir que la vida, la vida es hoy, a inventar cada día una nueva ilusión. A brillar como brilla la luna y el sol a vivir que mañana aún no llegó.

A vivir que la vida, que la vida es hoy.

He llevado el pasado a cuestas, he dejado de ser el que soy. Viviré lo que nunca he vivido, desde hoy mi destino será solo por hoy.

 Te daré lo que nunca te he dado, te pondré flores en el balcón. Dejaré los problemas a un lado y hasta que amanezca cantaré esta canción.

A vivir que la vida, la vida es hoy, a inventar cada día una nueva ilusión A brillar como brilla la luna y el sol a vivir que mañana aún no llegó.

A vivir que la vida, la vida es hoy, a inventar cada día una nueva ilusión. A brillar como brilla la luna y el sol, a vivir que la vida, que la vida es hoy…

Que la vida es hoy, que la vida es hoy.

 

El perdón: la puerta hacia la libertad interior

Perdonarme y perdonar a los demás me libera del pasado. El perdón es la respuesta a casi todos los problemas. Es un regalo que me hago. Perdono y me dejo en libertad”.

 El perdón es la fuerza sanadora más poderosa del universo, y es la puerta hacia la libertad, pues sólo perdonando a los demás y a ti mismo podrás sentirte libre interiormente.

El perdón proviene del Amor, por eso sólo puedes perdonarte si te amas a ti mismo. Y después de haberte perdonado, sentirás un Amor aún más profundo, el Amor se habrá expandido.

Perdonar es el mayor regalo que puedes darte a ti mismo.

A veces tenemos ciertas resistencias a perdonar. Pensamos que si nos perdonamos o perdonamos a alguien, le estaremos quitando importancia a lo sucedido. Pero, en realidad, no se trata de perdonar lo que uno mismo o el otro hizo, se trata de perdonar el por qué actuamos de determinado modo.

Si abres tu corazón de verdad a alguien, por ejemplo, y esa persona te engaña y te traiciona, quizás te resulte difícil perdonarle, pues tu mente te dirá que lo que ha hecho es injusto y cruel, imperdonable. Al fin de cuentas tú le entregaste lo mejor de ti, y le amaste de verdad, pero si expresas la ira o el profundo dolor que quizás sientas, y luego meditas acerca de todas las lecciones que esa experiencia te trae y las integras, el perdón llegará de un modo fácil, sin esfuerzo.

No perdonas la traición en sí misma, sino los motivos que le llevaron a esa persona a actuar de aquel modo. Quizás haya sido el miedo a estar vulnerable y abrirse de verdad. O tal vez la persona no se sentía merecedora de tu Amor, pues se sentía culpable de sus “errores” pasados, o simplemente no se amaba a sí misma lo suficiente. Entonces puedes ponerte en su lugar, puedes comprender sus limitaciones, y perdonarle por esas razones se torna más fácil. La persona estaba, sencillamente, asustada y herida.

Entonces guardarás en tu memoria y en el corazón todos aquellos momentos hermosos y mágicos compartidos, y todo lo demás caerá en el olvido por sí mismo.

También irás comprendiendo que los demás son apenas tu espejo. Y cuando el otro actúa de un modo que te hiere de alguna manera, te está mostrando, aún sin ser consciente, algo que debes sanar en ti mismo.

Recuerda que la función del perdón es liberarte. Te perdonas y perdonas al otro para recuperar la libertad de tu alma. 

Es importante tener en cuenta que el perdón no es otorgado desde una posición de superioridad. Si lo consideras de este modo, tendrás resistencias para perdonar, porque te sentirás incómodo o inadecuado, o entrarás en una sutil lucha de poder, que es exactamente lo opuesto a lo que el perdón brinda.

En lugar de pedirle perdón a alguien, es mucho más sano y efectivo sentir arrepentimiento, y no culpa, y decirle al otro de un modo sincero y profundo: “Lo siento, lo siento mucho”.

De este modo ambos permanecen en una posición de igualdad, y pueden compartir el dolor o el pesar que sienten por lo sucedido. Entonces pueden perdonar y perdonarse de un modo humano, natural y abierto. Y en ese proceso, el Amor se profundiza, y el perdón realmente libera a ambos.

Recuerda que sin perdón no puede haber Amor, ni por los demás ni por ti mismo.

El perdón es la mayor fuerza liberadora que existe en todo el universo.

Al perdonarte y perdonar al otro, ambos son liberados. Ya están libres, ya sea para seguir con la relación pero de un nuevo modo, o para que cada uno pueda seguir su respectivo camino.

Recuerda que te mereces perdonarte siempre, no importa lo que hayas hecho o haya sucedido.

El perdón te conduce al verdadero Amor, al Amor incondicional, al Amor eterno e infinito.

Conflictos interiores

Un anciano indio describió una vez sus conflictos interiores:
– Dentro de mi existen dos cachorros. Uno de ellos es cruel y malo, y el otro es bueno y dócil. Los dos están siempre luchando…
Entonces le preguntaron cuál de ellos era el que acabaría ganando.
El sabio indio guardó silencio un instante, y después de haber pensado unos segundos respondió:
– Aquel a quien yo alimente.

 

Una taza de zen

Los sonidos de la salud y los mantras

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