Cambio del paradigma

Cita: `El viaje de descubrimiento no

 consiste en encontrar nuevos parajes

 sino en mirar con ojos nuevos´

Marcel Proust

El paradigma lo definimos como la estructura de creencias basadas en valores que determinan nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones; en si, esta estructura tiene la facultad de crear el mundo en que vivimos, incluso lo moldean y lo esculpen. 

                   Imaginemos nuestro hogar, los valores son los cimientos, los pilares, las paredes, la división de las habitaciones; por otro lado, el sistema de creencias son los cuadros de las paredes, las mesas, la cama, los muebles que están dentro de esas estructura y que sin ella no podrían estar. Más aún, si la estructura es diferente las creencias también lo serían para adaptarse a la situación. Es lógico pensar que ante una mudanza compremos nuevos muebles ya que los del hogar antiguo no se adaptan a las  nuevas medidas. 

                   ¿Porque crean nuestro mundo? Ante cualquier fenómeno externo, diferentes individuos tienen diferentes respuestas. El fenómeno atraviesa nuestro sistema de creencias-valores y una vez analizado, nos muestra una respuesta dada. Esta respuesta proviene de unas emociones que nos afectan y a su vez producen ciertas reacciones en nuestro organismo, incluso nos empujan a actuar. Tomad como ejemplo a una persona que se dirige a nosotros y nos dice que nuestro coche está muy sucio; si eres orgulloso es muy probable que te afecte y le respondas que qué le importa como está tu coche y se fije en el suyo; no obstante, si dejas que esto te afecte de otra manera, le puedes agradecer esa puntualización y se crees oportuno lavar el coche. El fenómeno del individuo que se acerca y nos comenta su valoración sobre nuestro coche es la misma, ahora bien, las emociones y respuestas dadas son bien diferentes, es más, te puede afectar tanto que incluso ese comentario te amargue tu feliz día de descanso, con lo que existe cierta responsabilidad por nuestra parte en  cómo interpretamos los sucesos externos para mantenernos en nuestro bienestar. Al tomar conciencia de nuestra forma de pensar y el porque nos afectan las cosas, estamos dando un paso sólido para cambiar el mundo que nos rodea, para ello no es baladí indagar en los valores y creencias más profundas de nuestro ser. 

                   Sólo la destrucción de esos valores, sustituidos por otros, consiguen dar a luz a una nueva red de creencias que son en definitiva la causa última de la creación de un nuevo mundo más coherente para  el individuo aún bajo el supuesto que el mundo exterior se mantuviere constante. 

                   La sustitución de valores más saludables para el individuo es todo un proceso, no sólo vale con razonar que forma de vida te viene mejor -HAY QUE SENTIRLO-  cuando los nuevos valores están integrados en la persona, entonces el milagro del cambio se ha consolidado.

  

José Manuel Tudela

JMT


El perdón: la puerta hacia la libertad interior

Perdonarme y perdonar a los demás me libera del pasado. El perdón es la respuesta a casi todos los problemas. Es un regalo que me hago. Perdono y me dejo en libertad”.

 El perdón es la fuerza sanadora más poderosa del universo, y es la puerta hacia la libertad, pues sólo perdonando a los demás y a ti mismo podrás sentirte libre interiormente.

El perdón proviene del Amor, por eso sólo puedes perdonarte si te amas a ti mismo. Y después de haberte perdonado, sentirás un Amor aún más profundo, el Amor se habrá expandido.

Perdonar es el mayor regalo que puedes darte a ti mismo.

A veces tenemos ciertas resistencias a perdonar. Pensamos que si nos perdonamos o perdonamos a alguien, le estaremos quitando importancia a lo sucedido. Pero, en realidad, no se trata de perdonar lo que uno mismo o el otro hizo, se trata de perdonar el por qué actuamos de determinado modo.

Si abres tu corazón de verdad a alguien, por ejemplo, y esa persona te engaña y te traiciona, quizás te resulte difícil perdonarle, pues tu mente te dirá que lo que ha hecho es injusto y cruel, imperdonable. Al fin de cuentas tú le entregaste lo mejor de ti, y le amaste de verdad, pero si expresas la ira o el profundo dolor que quizás sientas, y luego meditas acerca de todas las lecciones que esa experiencia te trae y las integras, el perdón llegará de un modo fácil, sin esfuerzo.

No perdonas la traición en sí misma, sino los motivos que le llevaron a esa persona a actuar de aquel modo. Quizás haya sido el miedo a estar vulnerable y abrirse de verdad. O tal vez la persona no se sentía merecedora de tu Amor, pues se sentía culpable de sus “errores” pasados, o simplemente no se amaba a sí misma lo suficiente. Entonces puedes ponerte en su lugar, puedes comprender sus limitaciones, y perdonarle por esas razones se torna más fácil. La persona estaba, sencillamente, asustada y herida.

Entonces guardarás en tu memoria y en el corazón todos aquellos momentos hermosos y mágicos compartidos, y todo lo demás caerá en el olvido por sí mismo.

También irás comprendiendo que los demás son apenas tu espejo. Y cuando el otro actúa de un modo que te hiere de alguna manera, te está mostrando, aún sin ser consciente, algo que debes sanar en ti mismo.

Recuerda que la función del perdón es liberarte. Te perdonas y perdonas al otro para recuperar la libertad de tu alma. 

Es importante tener en cuenta que el perdón no es otorgado desde una posición de superioridad. Si lo consideras de este modo, tendrás resistencias para perdonar, porque te sentirás incómodo o inadecuado, o entrarás en una sutil lucha de poder, que es exactamente lo opuesto a lo que el perdón brinda.

En lugar de pedirle perdón a alguien, es mucho más sano y efectivo sentir arrepentimiento, y no culpa, y decirle al otro de un modo sincero y profundo: “Lo siento, lo siento mucho”.

De este modo ambos permanecen en una posición de igualdad, y pueden compartir el dolor o el pesar que sienten por lo sucedido. Entonces pueden perdonar y perdonarse de un modo humano, natural y abierto. Y en ese proceso, el Amor se profundiza, y el perdón realmente libera a ambos.

Recuerda que sin perdón no puede haber Amor, ni por los demás ni por ti mismo.

El perdón es la mayor fuerza liberadora que existe en todo el universo.

Al perdonarte y perdonar al otro, ambos son liberados. Ya están libres, ya sea para seguir con la relación pero de un nuevo modo, o para que cada uno pueda seguir su respectivo camino.

Recuerda que te mereces perdonarte siempre, no importa lo que hayas hecho o haya sucedido.

El perdón te conduce al verdadero Amor, al Amor incondicional, al Amor eterno e infinito.

Una taza de zen

Palabras de Mahatma Gandhi

Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así:

La Política sin principios,

el Placer sin compromiso,

la Riqueza sin trabajo,

la Sabiduría sin carácter,

los Negocios sin moral,

la Ciencia sin humanidad

y la Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado que

la gente es amable, si yo soy amable;

que las personas están tristes, si estoy triste;

que todos me quieren, si yo los quiero;

que todos son malos, si yo los odio;

que hay caras sonrientes, si les sonrío;

que hay caras amargas, si estoy amargado;

que el mundo está feliz, si yo soy feliz;

que la gente se enfada, si yo estoy enfadado;

que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo:

Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.

La actitud que tome frente a la vida,

es la misma que la vida tomará ante mí.


“El que quiera ser amado, que ame”.

 

 

 

 

 

Una enseñanza acelerada

Matajuro Yagyu, hijo de un célebre Maestro del sable, fue renegado por su padre quien creía que el trabajo de su hijo era demasiado mediocre para poder hacer de él un Maestro. Matajuro, que a pesar de todo había decidido convertirse en Maestro de sable, partió hacia el monte Futara para encontrar al célebre Maestro Banzo. Pero Banzo confirmó el juicio de su padre:

– No reúnes las condiciones.

-¿Cuántos años me costará llegar a ser Maestro si trabajo duro? – insistió el joven.

– El resto de tu vida -respondió Banzo.

– No puedo esperar tanto tiempo. Estoy dispuesto a soportarlo todo para seguir su enseñanza. ¿Cuánto tiempo me llevará si trabajo como servidor suyo en cuerpo y alma?

– ¡Oh, tal vez diez años!

– Pero usted sabe que mi padre se está haciendo viejo, pronto tendré que cuidar de él. ¿Cuántos años hay que contar si trabajo más intensamente?

– ¡Oh, tal vez treinta años!

– ¡Usted se burla de mí. Antes diez, ahora treinta. Créame, haré todo lo que haya que hacer para dominar este arte en el menor tiempo posible!

– ¡Bien, en ese caso, se tendrá que quedar usted sesenta años conmigo! Un hombre que quiere obtener resultados tan de prisa no avanza rápidamente -explicó Banzo.

– Muy bien -declaró Matajuro, comprendiendo por fin que le reprochaba su impaciencia-, acepto ser su servidor.

El Maestro le pidió a Matajuro que no hablara más de esgrima, ni que tocara un sable, sino que lo sirviera, le preparara la comida, le arreglara su habitación, que se ocupara del jardín, y todo esto sin decir una palabra sobre el sable. Ni siquiera estaba autorizado a observar el entrenamiento de los demás alumnos.

Pasaron tres años. Matajuro trabajaba aún. A menudo pensaba en su triste suerte ya que aún no había tenido la posibilidad de estudiar el arte al que había decidido consagrar su vida.

Sin embargo, un día, cuando hacía las faenas de la casa rumiando sus tristes pensamientos, Banzo se deslizó detrás de él en silencio y le dio un terrible bastonazo con el sable de madera. Al día siguiente, cuando Matajuro preparaba el arroz, el Maestro le atacó de nuevo de una manera completamente inesperada. A partir de ese día, Matajuro tuvo que defenderse, día y noche, contra los ataques por sorpresa de Banzo.

Debía estar en guardia a cada instante, siempre plenamente despierto, para no probar el sable del Maestro. Aprendió tan rápidamente que su concentración, su rapidez y una especie de sexto sentido, le permitieron muy pronto evitar los ataques de Banzo.

Un día, menos de diez años después de su llegada, el Maestro le anunció que ya no tenía nada más que enseñarle.

 

Las cosas necesitan su propio tiempo para poder realizarlas. No debemos forzar el destino, todo llegará en su debido momento. No hay prisa.

 

 

 

 

 

 

 

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